Nuestro idioma nativo y autóctono es el quechua, idioma de la tribu de los quechuas, fundadora del Imperio Incaico bajo la inspiración de Manco Cápac. Este idioma se fue extendiendo por todo el territorio y al oficializarse predominó sobre los otros idiomas tales como el mochica, el aimara, el uro, el puquina, el yunga, etc. Había dos tipos de quechua: uno era el culto, propio de la nobleza. Los amautas cuidaban de su pureza y se lo enseñaban a los jóvenes en el yachayhuasi.
El otro quechua era el popular o runasimi, hablado por el pueblo en general. Cuando llegaron los españoles, éstos se vieron en el problema de llegar a entender a los nativos v para salvar esta dificultad se valieron de intérpretes. El primer intérprete fue Felipillo, indígena a quien los españoles enseñaron el castellano, para que pudiera traducir eficien- temente. Fue el intérprete de Francisco Pizarro. Posteriormente, en la época de la Colonia, los españoles (en especial los sacerdotes, cuya misión era propagar la doctrina cristiana) fueron aprendiendo el idioma nativo.
Fue así como, además de preservar el idioma, lograron extenderlo incluso más allá de sus dominios originales. A partir de 1781, el quechua fue proscrito legalmente a raíz del levantamiento de Túpac Amaru; sin embargo, en las comunidades de indígenas y gran parte de nuestro territorio se ha seguido hablando éste y otros idiomas nativos. En la actualidad, el quechua se emplea casi exclusivamente en forma oral. Se habla en los hogares de unos cuatro millones de personas. Es allí donde se guarda una rica y remota tradición. Tan sólo fijémonos en sus canciones, yaravíes y huaynos; en sus cuentos y relatos maravillosos. En todas estas expresiones se siente la herencia incaica. Hoy en día se siguen creando canciones, poemas, relatos en nuestra lengua nativa. Además, el quechua va cambiando sus expresiones y tomando lo que necesita del español para adaptarse al paso del tiempo sin perder sus raíces.

